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Andrés Manjón y la Virgen del Rosario de Granada. Una historia que Manjón dejó escrita

Hay vínculos que no necesitan ser reconstruidos porque quedaron escritos. El de las Escuelas del Ave-María con la Virgen del Rosario de Santo Domingo es uno de ellos. Andrés Manjón lo anotó en su Diario.

El 2 de octubre de 1897, cuando se cumplían ocho años de la fundación de las Escuelas, escribió: «Bajaron las Escuelas del Ave-María, a las 7 de la noche, a visitar a la Virgen del Rosario en Santo Domingo, por ser el octavo aniversario de la fundación de las mismas». La frase es breve, pero dice mucho. Podemos imaginar a los niños del Ave-María bajando desde sus escuelas hasta Santo Domingo, atravesando Granada, y al final del camino encontrándose con la Virgen del Rosario. No era una visita cualquiera. Manjón la relaciona expresamente con el aniversario de las Escuelas.

Y tampoco parece haber sido algo aislado. Trece años después, el 1 de octubre de 1910, vuelve a anotar que el Rosario sale del Ave-María y que, desde allí, van «a Santo Domingo, todos los niños». Entre ambas fechas encontramos una práctica que se repite una y otra vez en su Diario: rosarios por los cármenes, rosarios acompañados por música, banderines, procesiones, misas, niños y niñas cantando y un mes de octubre vivido de una manera especialmente intensa. En 1898, por ejemplo, Manjón escribe: «Rosario solemne por todos los cármenes, con todos los banderines en honor de la Virgen del Rosario, cuyo mes es».

El Rosario estaba profundamente arraigado en la vida del Ave-María.

Quizá lo más significativo lo había escrito Manjón ya al comienzo de su Diario, el 1 de mayo de 1895. Hablando de María y de sus Escuelas dice que es «abogada y visible protectora», y explica por qué: «llevan su nombre, nacieron a su sombra en el mes del Rosario, y todo cuanto en ellas de bueno se ha hecho lo ha bendecido un avemaría».

Ahí aparece buena parte de la espiritualidad avemariana. María no está situada al margen de la escuela, como una devoción añadida después. Está presente en el nombre, en la historia y en la manera misma de comprender aquella obra que empezaba a crecer entre los niños pobres de Granada.

Y el Rosario tampoco era para Manjón una repetición mecánica. En sus escritos pedagógicos insiste en que debía rezarse, explicarse, cantarse y meditarse. Para él era «algo más que repetición de Avemarías» y debía conducir a «meditar rezando». Por eso los misterios se explicaban, se cantaban y se representaban mediante imágenes. Incluso los pintores granadinos colaboraron creando cuadros para que los niños pudieran aprenderlos, como él mismo dice, «con vista de ojos».

La Patrona

Hay, sin embargo, un matiz importante que conviene conservar. Cuando Manjón habla expresamente de «La Patrona» de las Escuelas, se refiere a María en el misterio de la Anunciación, titular del Ave-María. Así lo anota el 24 de marzo de 1899 y así aparece también en sus escritos pedagógicos. Por eso quizá sea más preciso entender que la Anunciación explica el nombre y la identidad más profunda del Ave-María, mientras que el Rosario atraviesa su vida cotidiana y Santo Domingo aparece como uno de los lugares especialmente unidos a esa historia.

No necesitamos exagerar esa relación para que resulte significativa. El propio Manjón nos dejó una imagen suficientemente hermosa: todos los niños del Ave-María bajando por Granada para visitar a la Virgen del Rosario en Santo Domingo.

Más de un siglo después, la fiesta de la Virgen del Rosario puede ayudarnos a recordar precisamente eso: que detrás del nombre Ave-María no hay solo una denominación escolar. Hay una historia, una espiritualidad, una ciudad y generaciones de niños que aprendieron también caminando, cantando y rezando por las calles de Granada.

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