El 30 de agosto de 1936 murieron juntos los obispos Manuel Medina Olmos y Diego Ventaja. Noventa años después recuperamos una dimensión menos conocida de sus vidas: ambos estuvieron profundamente vinculados a Andrés Manjón y asumieron responsabilidades en la continuidad de las Escuelas del Ave María.
El 30 de agosto de 1936 murieron juntos dos obispos. Manuel Medina Olmos, obispo de Guadix-Baza, y Diego Ventaja Milán, obispo de Almería, fueron asesinados en el Barranco del Chisme, en el término municipal de Vícar (Almería).
Noventa años después, la Iglesia los recuerda como beatos y mártires. Pero para comprender quiénes fueron hay que retroceder unas décadas y mirar hacia Granada, al Sacromonte y a las Escuelas del Ave María.
Porque antes de ser dos obispos mártires, Medina Olmos y Diego Ventaja fueron dos hombres profundamente vinculados a Andrés Manjón y a su proyecto educativo. Y, cuando el fundador desapareció, ambos asumieron responsabilidades en la difícil tarea de darle continuidad.

Manuel Medina Olmos, junto a Manjón
La relación entre Manuel Medina Olmos y Andrés Manjón fue mucho más que institucional.
Sacerdote, profesor y canónigo del Sacromonte, Medina aparece reiteradamente en el Diario de Manjón. La edición crítica de José Manuel Prellezo lo identifica como colaborador y amigo personal del fundador y documenta su pertenencia al Patronato de las Escuelas del Ave María.
Los documentos permiten verlo participando en la vida de las Escuelas, acompañando a Manjón y asumiendo progresivamente responsabilidades. La Archidiócesis de Granada señala, además, que fue confesor y director espiritual de don Andrés.
Cuando Manjón murió el 10 de julio de 1923, había dejado planteada una preocupación que aparece claramente en sus escritos: el futuro de las Escuelas cuando faltara su fundador. No se consideraba imprescindible y quería que la obra dispusiera de personas y estructuras capaces de continuarla.
Precisamente cuatro días después de su muerte, el 14 de julio de 1923, Manuel Medina Olmos fue elegido director de las Escuelas del Ave María.
No era un recién llegado. Era uno de los hombres que mejor conocían al fundador y su obra.
Diego Ventaja, una vida vinculada al Sacromonte y al Ave María
La trayectoria de Diego Ventaja conduce también directamente al mismo mundo.
Había ingresado siendo niño en el Colegio del Sacromonte y desarrolló durante décadas su ministerio entre la enseñanza, el apostolado y la formación. La documentación histórica conservada sobre él permite situar entre los grandes ámbitos de su actividad precisamente el Sacromonte y las Escuelas del Ave María.
El propio Diario de Manjón registra su presencia en la vida avemariana. Pero después de la muerte del fundador su responsabilidad aumentó considerablemente.
Cuando las obligaciones episcopales de Medina Olmos comenzaron a alejarlo de la dirección cotidiana de las Escuelas, encontró en Diego Ventaja a un hombre de confianza.
En 1928 Medina lo propuso como delegado del director de las Escuelas del Ave María, describiéndolo como una persona estimada y de méritos reconocidos. La documentación estudiada por José López Martín confirma además que Medina valoraba ante la Nunciatura la forma en que Ventaja atendía las Escuelas, destacando su prudencia y su celo.
Manjón había fundado la obra; Medina Olmos lo sucedió en su dirección; y Diego Ventaja asumió, como delegado, importantes responsabilidades para sostenerla.
Una amistad construida durante décadas
Medina y Ventaja compartieron mucho más que una responsabilidad administrativa. Habían coincidido durante años en el ambiente del Sacromonte. Compartieron inquietudes educativas, sacerdotales y pastorales. Y Medina depositó en Ventaja una confianza que terminó yendo más allá del Ave María.
Cuando se planteó su posible acceso al episcopado, Medina Olmos defendió su candidatura. Lo hizo ya en 1928 y volvió a hacerlo años después.
Finalmente, en 1935, Diego Ventaja fue nombrado obispo de Almería. Manuel Medina Olmos era entonces obispo de Guadix-Baza.
Dos hombres formados en el Sacromonte, estrechamente vinculados al Ave María y llamados ahora a servir como obispos en dos diócesis vecinas. La historia todavía iba a unirlos de una forma inesperada.
Diego Ventaja y la causa de Andrés Manjón
Hay un episodio especialmente revelador y poco conocido. En 1936, Diego Ventaja era postulador de la causa de beatificación y canonización de Andrés Manjón.
La causa había comenzado a prepararse después de la muerte del fundador y el proceso informativo diocesano se abrió solemnemente en Granada el 6 de julio de 1936.
Ventaja trabajaba para que la Iglesia estudiara la vida y las virtudes del maestro que había conocido y cuya obra educativa había ayudado a continuar.
Al día siguiente, 7 de julio, Medina Olmos y Diego Ventaja coincidieron nuevamente en Granada. Visitaron las Escuelas del Ave María y participaron en una reunión de su Patronato.
En aquellos primeros días de julio de 1936, los dos hombres que habían asumido responsabilidades en la continuidad de la obra de Manjón seguían ocupándose de sus Escuelas y de la causa de su fundador. Faltaban menos de dos meses para su muerte.
Julio de 1936
El 18 de julio comenzó la Guerra Civil. La situación religiosa en Almería se deterioró rápidamente. Iglesias y edificios religiosos fueron atacados y numerosos sacerdotes y religiosos fueron detenidos.
Diego Ventaja se encontraba en Granada cuando comenzaron los acontecimientos. Personas próximas a él intentaron convencerlo de que permaneciera allí. Decidió regresar a su diócesis.
La decisión tiene especial relevancia porque, décadas después, san Juan Pablo II recurriría precisamente a la imagen del Buen Pastor para interpretar el testimonio de los dos obispos: el pastor que ama a sus ovejas, no las abandona cuando llega el peligro y está dispuesto a entregar su vida por ellas.
Manuel Medina Olmos llegó a Almería el 27 de julio. Los antiguos compañeros del Sacromonte y del Ave María volvieron a encontrarse. Esta vez sería para compartir su último camino.
De la prisión al Barranco del Chisme
El 12 de agosto, Medina Olmos y Ventaja fueron recluidos en el convento de las Adoratrices, convertido en prisión.
El 28 de agosto fueron trasladados al barco-prisión Astoy Mendi, fondeado en el puerto de Almería.
Durante la noche del 30 de agosto fueron sacados junto con otros detenidos y conducidos por carretera hasta el Barranco del Chisme, en el término municipal de Vícar. Allí murieron.
Los testimonios recogidos posteriormente hablan de oración y perdón en aquellos últimos momentos. Conviene, sin embargo, mantener cierta cautela histórica al reproducir literalmente algunas de las frases atribuidas a cada uno de los obispos, porque las investigaciones han detectado posibles confusiones entre los testimonios acerca de quién pronunció determinadas palabras.
El hecho esencial no ofrece esa duda: Manuel Medina Olmos y Diego Ventaja Milán murieron juntos el 30 de agosto de 1936.
Dos mártires de la misma escuela
Cincuenta y siete años después, el 10 de octubre de 1993, san Juan Pablo II los beatificó en Roma. La Iglesia reconocía así oficialmente su martirio.
En su homilía, el Papa presentó a Medina Olmos y Ventaja como imagen del Buen Pastor que permanece junto a los suyos hasta entregar la propia vida.
Pero la historia contiene una circunstancia extraordinaria. Uno de aquellos nuevos beatos, Diego Ventaja, había trabajado en 1936 por la beatificación de Andrés Manjón.
Ventaja no llegó a ver culminada aquella causa. Hoy es él quien recibe culto como beato y mártir.

Y Andrés Manjón, cuya causa ayudó a impulsar, es desde el 23 de noviembre de 2020 Venerable, después de que el papa Francisco autorizara el decreto que reconoce la heroicidad de sus virtudes.
Decreto sobre las virtudes heroicas de Andrés Manjón — Dicasterio para las Causas de los Santos
Una fidelidad que genera futuro
ODISUR ha elegido para recordar el noventa aniversario del martirio una expresión especialmente acertada: «Una fidelidad que genera futuro».
Vista desde el Ave María, esa expresión adquiere otra dimensión. Manjón dedicó sus últimos escritos a explicar qué eran sus Escuelas y cómo debía enseñarse en ellas, pero también se preguntó por su futuro. Sabía que ninguna obra puede depender indefinidamente de su fundador y quiso preparar su continuidad.
Medina Olmos perteneció a la primera generación que recibió directamente esa responsabilidad. Diego Ventaja colaboró con él en ella.
Sus trayectorias los llevaron después desde las Escuelas al episcopado y, finalmente, a compartir prisión y martirio.
No necesitamos convertir esa sucesión de acontecimientos en una leyenda. Los documentos son suficientemente elocuentes.
Andrés Manjón murió en 1923.
Manuel Medina Olmos lo sucedió al frente del Ave María.
Diego Ventaja colaboró con Medina en la dirección de las Escuelas.
Ventaja trabajó después por la causa de beatificación de Manjón.
En julio de 1936, Medina y Ventaja todavía se reunían por el Ave María.
El 30 de agosto murieron juntos.
En 1993 fueron beatificados como mártires.
Y en 2020 la Iglesia declaró Venerable a Andrés Manjón.
Noventa años después del martirio de Medina Olmos y Diego Ventaja, el Ave María puede recordarlos no únicamente por la forma en que murieron.
También —y quizá sobre todo— por aquello a lo que dedicaron su vida.
Fueron sacerdotes, educadores y pastores. Hombres del Sacromonte. Colaboradores y continuadores de una obra educativa nacida entre los niños pobres de Granada.
Fueron hombres del Ave María.
Y esa parte de su historia también merece ser recordada.
Fuentes y lecturas
- «Una fidelidad que genera futuro». Primera parte — ODISUR / Diócesis de Guadix.
- Segunda parte de la serie — ODISUR / Diócesis de Guadix.
- Tercera parte de la serie — ODISUR / Diócesis de Guadix.
- Homilía de san Juan Pablo II en la beatificación, 10 de octubre de 1993.
- Andrés Manjón y Manjón — Dicasterio para las Causas de los Santos.
